HACIA HEIDEGGER
Rafael Rattia
No cabe duda, como el mismo
Heidegger dice: “lo que ante todo “es” es el ser”. No obstante, para que el ser
sea, en toda su exacta plenitud, es preciso que el pensar actúe mediante el
lenguaje. Y qué es el lenguaje para Heidegger? “El lenguaje es la casa del ser.
En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de
esa morada.” De donde se colige que el ser humano, en tanto que humanización del ser sólo podría
alcanzar su estatus plenamente humano mediante el despliegue consciente de los
poderes creadores del lenguaje.
Con respecto a eso que Heidegger
llama “el pensar”, el pensador alemán sostiene que “el pensar sólo actúa en la
medida que piensa”. De donde se infiere que el mayor o menor grado de
facticidad del acto de pensar reside efectivamente en su propio ejercitarse.
Dicho con otras palabras: si un pensamiento no piensa el “afuera” sino también
su propio pensamiento puede decirse que ese pensamiento es abúlico o está
“dormido”.
El tipo de pensar que le interesa
a heidegger es aquél que se orienta y dirige hacia lo que él mismo llama “el
pensar por el ser para decir la verdad del ser.”
Volviendo a la metáfora del
lenguaje como “la casa del ser”, debemos decir que puede advertirse dicha
figura tropológica una resonancia schopenhaueriana
(Artur Schopenhauer) en la medida en que para Schopenhauer el mundo es para el
hombre “el mundo como voluntad y representación”.
Heidegger propone liberar al
lenguaje de la dictadura logocrática y gramatológica de la cual ha venido
siendo presa el hombre a través de los siglos, desde los albores de Roma hasta
nuestro presente. El pensamiento del ser, según Heidegger, debe siempre apuntar
a un pensamiento de “l`engagement”, pero de un compromiso del ser con la verdad
del ser.
Por otro lado, Heidegger nos
invita a liberarnos de la interpretación técnica del pensar y remite los
inicios de esa tal interpretación técnica a los pensadores griegos Platón y
Aristóteles. Dice Heidegger que el pensar como tekné o procedimiento
reflexivo siempre ha estado al servicio del “hacer y fabricar”. Heidegger pareciera querer decirnos que homo sapiens no ha hecho otra cosa que
ponerse al servicio de homo faber y homo
fabricans. Es por ello que Heidegger advierte que tomado en sí mismo el
pensar no es un procedimiento “práctico” y que se encuentra opuesto a la
determinación del “conocer” que es un procedimiento esencialmente teórico.
Es altamente llamativa la
disyunción objetual que distingue Heidegger entre “el decir” y “lo escrito”. Sostiene que el poner el pensamiento por
escrito el pensar pierde su dinamismo es muy difícil que mantenga su
característica pluridimensionalidad significativa.
Acerca del humanismo se pregunta si en verdad desde hace ya bastante tiempo no
se desconfía de los “ismos”.
Heidegger también inquiere e interroga sobre si el marketing de la doxa no
reclama siempre otros “ismos” nuevos.
Del mismo modo cuando el pensar originario toca a su fin emergen nombres nuevos
como “lógica”, “ética”, “física”. Los
griegos en su época de mayor esplendor –dice Heidegger- ni siquiera llamaron
“filosofía” al pensar. Y qué entiende Heidegger por el pensar, puro, sin
adjetivos? El pensar es el pensar del ser.
Mientras que con respecto del
querer nos dice Heidegger que la capacidad del querer está en aquello que
“puede llegar a ser”. Es decir, lo que es “posible”. Si ello es así como dice
Heidegger, entonces podemos preguntarnos si la Utopía siendo un estado de
réplica mental, un topos, o sea un
lugar no realizado aún que permanece en la mente del ser humano como
“posibilidad” es, -para decirlo con palabras del Maestro, “una potentia” ; es decir, una realidad potencial. O como le
gustaría decir a Ludwig Wittgenstein, “si algo puede ser pensado, entonces ese
“algo” es también posible”. (Tractatus logicus-philosophicus).
Heidegger se rebela contra la
racionalidad tecnocrática o tecnocientificista que paulatinamente ha venido
instaurando la filosofía convirtiendo el auténtico pensar originario en una
simple “técnica de explicación a partir
de las causas supremas”.
El supremacismo de los infinitos
“ismos” que se suceden unos tras otros a partir de la Edad moderna (léase siglo
XVIII) ha terminado por instaurar una peculiar “dictadura de la opinión pública”. Se entiende por tanto que el
sentido común programado por el imperio de la razón dominante, esto es, la
hegemonía de la doxa pública impone la “dictadura
de la opinión pública” que denuncia Heidegger. Es así cómo tal dictadura “decide qué es comprensible y qué es
desechable por incomprensible”.
Heidegger postula una relación
simétricamente proporcional entre la proposición de “la verdad del ser” y la
reflexión sobre la esencia del lenguaje, que necesariamente debe ser una
reflexión sobre la esencia del ser.
¡Peligro!. Heidegger advierte una
peligrosa devastación del lenguaje que se extiende y enseñorea por doquier y
aclara que tal precarización lingüística se alimenta de la responsabilidad estética y moral de todo uso del lenguaje. Cuando la esencia del
hombre está en inminente peligro el lenguaje emite una serie de señales que dan
cuenta de su deterioro. Heidegger es testigo de excepción y privilegiado de una
espantosa decadencia del lenguaje que se explicita “bajo el dominio de la metafísica moderna de la subjetividad”.
Heidegger proclama la urgente
necesidad de “reconducir nuevamente al
hombre a su esencia” y de inmediato se interpela:
“¿Desde dónde se determina la
esencia del hombre?” Seguidamente nos dice que Marx exige que desde “la
sociedad”. Para Marx el hombre social es el hombre natural. Pero veamos qué
dice Marx al respecto: “El punto de vista del antiguo materialismo es la
sociedad «civil»; el del nuevo materialismo, la sociedad humana o la humanidad
socializada.” (Tesis sobre Feurbach, tesis 10)
Ahora bien, según Heidegger cómo
concibe el Cristiano la humanidad? Pues, ve la humanidad del hombre en la
delimitación de éste frente a la deidad desde la óptica de la redención; es
decir, el hombre es hombre en tanto que “hijo de Dios”. En pocas palabras, el
hombre no es de este mundo y su tránsito por la tierra es pasajero, pues su
destino es transmundanal, o sea la eternidad o la vida eterna.
Con el advenimiento de la
República Romana el hombre romano se opone al “hombre bárbaro”. Esta dicotomía
hace que surja la idea de la “humanitas” en
la época de la “eruditio” y de la “institutio”.
Es en Roma donde nos vamos a encontrar con el primer humanismo que es el
resultado de los valores éticos de la Grecia tardía y la romanidad.
Posteriormente, hacia el siglo XIV y XV Italia es el escenario de lo que
Heidegger denomina como la “renascentia
romanitatis”.
La visión heideggeriana del humanismo pone en perspectiva la “paideia” griega con la “virtus” romana;
luego el humanismo se prolonga y extiende hasta el Renacimiento hasta alcanzar
el esplendor dieciochesco de humanismo postulado por Wincklemann, Goethe y
Schiller; exceptuando a Horderlin porque el poeta piensa la esencia del hombre
y su correspondiente destino de un modo más inicial. ¿más griego, quiere decir
Heidegger?
El síntesis, el “humanismo” de
Marx no requiere de ningún retorno a la Antigüedad griega ni romana. Tampoco el
“humanismo” existencialista de Jean Paul Sartre necesita legitimarse apelando
al mundo griego antiguo.
“Por muy diferentes que parezcan estos humanismos, siempre coinciden en
el hecho de que la humanidad se determina desde una perspectiva previamente
establecida de una interpretación de la naturaleza, la historia, el mundo y el
fundamento de mundo en su totalidad.”
Heidegger concluye en que “todo humanismo se basa en una metafísica”.
Desde el primer humanismo (el
romano) hasta los “últimos” humanismos postmodernos el hombre es entendido como
“animal rationale”. En su Carta sobre
el humanismo Heidegger devela la pretensión de toda metafísica de pensar el
hombre como “animalitas” y no en función de su “humanitas”.
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