María
Cristina Solaeche: Poecrítica de la creación literaria venezolana
Rafael Rattia
Indudablemente, leer un texto de la escritora
venezolana María Cristina Solaeche Galera, (Maracibo-Venezuela, 19..) supone
para el lector que emprenda tal empresa intelectual, estético-artística; (así
debe concebirse el amoroso acto de leer) un viaje donde la fascinación que la
razón sensible dicta las pautas de tal itinerario.
A comienzos de este año 2011 la admirada, tal vez
sería más justo decir la venerada escritora marabina entregó a los lectores de
Venezuela e Hispanoamérica un extraño libro titulado: Poesía venezolana dispersa y permanente. Ediciones Astro Data, SA.
Maracaibo, Venezuela, 2011. 162 páginas.
El libro en sí mismo, representa una pequeña
reliquia literaria que viene a enriquecer con creces el menguado panorama
literario venezolano del último quinquenio.
Como si se tratara de un perfecto decálogo crítico el libro reúne a diez
escritores venezolanos de disímiles y heterogéneas procedencias o estirpes
culturales pero todos ellos pertenecientes a un linaje emparentado a una única raíz
filial: “El coro de las voces solitarias” como reza el título de un enjundioso
estudio del también poeta y crítico Rafael Arráiz Lucca.
Desde Emiliano Hernández hasta el egregio poeta
Carlos Rodríguez Ferrara, pasando por un espléndido y maravilloso arco cuya
constelación tensa los magnánimos nombres de Ismael Urdaneta, la excelsa poeta
bariniteña Enriqueta Arvelo Larriva, el insigne poeta de Manicuare Cruz
Salmerón Acosta, la eterna poeta Luisa del Valle Silva, el brillante ícono de
la alteridad poética Luis Enrique Mármol, la solitaria Ada Pérez Guevara, la
exponente de la poesía compromisaria Lyda Franco Farías, la inmensa e
inmarcesible Hanni Ossott y nuestro devoto contemporáneo Carlos Rodríguez
Ferrara.
La urdimbre de información que poquísima gente
conoce sobre la vida y obra de los escritores antes mencionados coloca a María
Cristina Solaeche en lugar privilegiado del estudio e investigación de un vasto
segmento poético de nuestra creación literaria venezolana personificado por
singulares exponentes de nuestra lírica que vivieron en el paréntesis que va
desde 1882 aproximadamente hasta la primera década del siglo XXI.
Mucha acuciosidad, una férrea voluntad investigativa
y un método pulcro y disciplinado se infiere de la lectura de este pequeño pero
a la vez gran compendio de escritores antologados por Solaeche.
Leyendo atentamente, -no puede leerse de otro modo-
este singular ejemplar bibliográfico que pone la autora en manos de los
lectores de poesía venezolana del siglo
XIX y XX se corrobora plenamente la insaciable sed de sabiduría que signa
la extraordinaria sensibilidad estético-literaria de nuestra estudiosa e
investigadora de la literatura venezolana. La portentosa e irreductible
curiosidad de la autora la lleva hurgar en ámbitos insospechadamente discretos
de la dimensión biográfico-intelectual de los escritores objeto de sus
exhaustivos análisis de interpretación crítica.
La gratificante lectura de este libro me devuelve mi
antigua y casi apagada pasión por la lectura de libros de “crítica literaria” que no hacen concesiones en lo atinente a esos
lastres de los cuales adolecen nuestros “críticos” venezolanos del presente; a
saber, la adulancia excesivamente apologética y ditirámbica para congraciarse
con el autor objeto de crítica.
Como siempre suele suceder con un nuevo libro de
esta autora: termino de leer la última página de su libro poseído de una
embriaguez rayana en el delirio estético. Todo el libro me subyuga y hechiza
por su rigurosidad expositiva, por su comedido lenguaje a la hora de emplear
los adjetivos que pudieran definir la personalidad del escritor estudiado.
Forma y fondo son difíciles de distinguir en la sintaxis crítica y eso se
agradece hasta las lágrimas en estos tiempos de tanta exaltación de nulidades
engreídas y reputaciones consagradas en este remedo de país literario en que se
ido convirtiendo Venezuela en esta última década.
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