¡A los estudiantes de Historia Contemporánea de Venezuela del 6to semestre de Geo-Historia en la UPEL-MATURÍN!
"El Ministerio del Poder Popular para la Educación informa que las actividades escolares serán suspendidas desde el miércoles 19 y hasta el lunes 24 del presente mes, para facilitar el desarrollo de las elecciones municipales y regionales previstas para el próximo 23 de noviembre", detalla la resolución.
Por último, el comunicado indica que el retorno a clases debe producirse el martes 25 de noviembre sin ningún tipo de contratiempos.
Poesía, Ensayos críticos de imaginación,textos narrativos, fotografías, misceláneas
martes, 18 de noviembre de 2008
viernes, 14 de noviembre de 2008
Las 7 plagas de Egipto se ciernen sobre Venezuela
La maldición chavista
Rafael Rattia
Es como si las siete plagas de Egipto se abatieran sobre esta Tierra de Gracia; algo así como si un tsunami de inconmensurable impacto apocalíptico se hubiera cernido sobre los cimientos de nuestra republicana venezolanidad casi bicentenaria. ¿Cómo decirlo, sin ceder a la tentación de la hipérbole política ni al escándalo semántico?
El remedio resultó peor que “la enfermedad”; la necrosada estructura sociopolítica, con justicia o sin ella, vapuleada con adjetivos como “puntofijista” fue suplantada por un delirante culto al personalismo en nombre de un no siempre comprensible sentimiento antipartido que terminó volviendo a entronizar en la mentalidad del venezolano la supremacía del “institucionalismo militar” y militarista supeditando la complejidad y riqueza de la civilidad y el civilismo democrático que tanto costó internalizar en la conciencia nacional de este país desde 1958 hasta 1998. Los innegables avances que representó la adopción del modelo político-administrativo descentralizado fueron, literalmente, pulverizados por el actual extravío “bonapartista” de inobjetable pretensión monárquico-absolutista. Es evidente que la atávica patología institucional “castro-gomecista” del gendarme necesario y del cesarismo antidemocrático ha vuelto por sus fueros; empero, afortunadamente, no las ha tenido todas consigo. El muro inexpugnable del civilismo y de la raigal cultura democrática del venezolano, cultivada en mil batallas contra el populismo demagógico y los síndromes del profetismo redentor de todas las pelambres, ha evidenciado su consistencia y la fortaleza de los valores cívicos que lo soporta. Los aviones de guerra, las fragatas, los kalafnikov, los millones de proyectiles de diversos calibres que han “distraído” cuantiosas inversiones con cargo a la hacienda pública nacional, obviamente, se quedarán “fríos” ante la acendrada conducta civilista que los venezolanos han demostrado en el devenir de la última década de ejercicio democrático frente a la asechanza filomilitarista y neototalitaria de la peste chavista.
Rafael Rattia
Es como si las siete plagas de Egipto se abatieran sobre esta Tierra de Gracia; algo así como si un tsunami de inconmensurable impacto apocalíptico se hubiera cernido sobre los cimientos de nuestra republicana venezolanidad casi bicentenaria. ¿Cómo decirlo, sin ceder a la tentación de la hipérbole política ni al escándalo semántico?
El remedio resultó peor que “la enfermedad”; la necrosada estructura sociopolítica, con justicia o sin ella, vapuleada con adjetivos como “puntofijista” fue suplantada por un delirante culto al personalismo en nombre de un no siempre comprensible sentimiento antipartido que terminó volviendo a entronizar en la mentalidad del venezolano la supremacía del “institucionalismo militar” y militarista supeditando la complejidad y riqueza de la civilidad y el civilismo democrático que tanto costó internalizar en la conciencia nacional de este país desde 1958 hasta 1998. Los innegables avances que representó la adopción del modelo político-administrativo descentralizado fueron, literalmente, pulverizados por el actual extravío “bonapartista” de inobjetable pretensión monárquico-absolutista. Es evidente que la atávica patología institucional “castro-gomecista” del gendarme necesario y del cesarismo antidemocrático ha vuelto por sus fueros; empero, afortunadamente, no las ha tenido todas consigo. El muro inexpugnable del civilismo y de la raigal cultura democrática del venezolano, cultivada en mil batallas contra el populismo demagógico y los síndromes del profetismo redentor de todas las pelambres, ha evidenciado su consistencia y la fortaleza de los valores cívicos que lo soporta. Los aviones de guerra, las fragatas, los kalafnikov, los millones de proyectiles de diversos calibres que han “distraído” cuantiosas inversiones con cargo a la hacienda pública nacional, obviamente, se quedarán “fríos” ante la acendrada conducta civilista que los venezolanos han demostrado en el devenir de la última década de ejercicio democrático frente a la asechanza filomilitarista y neototalitaria de la peste chavista.
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