sábado 19 de noviembre de 2011


Para leer y comprender a Thomas Khun

Rafael Rattia

El vasto esfuerzo intelectual y científico que hace Thomas Khun en su obra “La estructura de las revoluciones científicas” (1962) se enmarca en un proyecto mayor de repensar desde sus cimientos el origen y evolución del quehacer científico, de estudiar las condiciones de posibilidad que una práctica científica requiere para ser tomada como tal en el marco de una determinada comunidad científica y de un determinado campo científico.
Khun distingue una tradición científica que entiende la ciencia como una actividad completamente racional y controlada a la que denomina “tradición formalista” y que nosotros conocemos como el Círculo de Viena y la diferencia con una corriente de pensamiento científico que la comunidad científica conoce con el nombre de la “tradición historicista”.
El impacto teórico y metódico que tuvo el libro de Khun inicialmente en la mentalidad de los hombres de ciencia significó un aporte sustantivo en el enriquecimiento del debate sobre el sentido y devenir de la creación de conocimiento científico.
El aporte de Khun al conocimiento y a la historia de la filosofía de la ciencia ha sido inconmensurable: conceptos y categorías de análisis científico como paradigma, revolución científica, crisis, comunidad científica, ciencia normal, la noción de campo científico, resolución de enigmas, giro copernicano, son algunos de los aportes más originales e inéditos que hizo Khun al debate que protagonizó la comunidad científica internacional hacia los años de las décadas del 1960-1970 y que continúa hasta hoy.
Veamos la concepción khuniana de paradigma: es una constelación de creencias, valores y técnicas que comparten los miembros de una comunidad científica. Por ejemplo, en el campo de la física teórica el modelo aristotélico de la teoría geocéntrica y el paradigma heliocéntrico. Dos cosmovisiones totalmente distintas de una determinada manera de entender la realidad y por consiguiente la verdad científica.
Khun propone un esquema que comporta cinco fases de un mismo proceso científico: dice que la ciencia se desarrolla con arreglo a los siguientes momentos del proceso de producción del conocimiento científico: a.- El establecimiento de un paradigma, lo cual conduce a la instauración de una determinada racionalidad científica que se conoce con el nombre de B.- ciencia normal. En palabras de Khun: “la ciencia normal consiste en la realización de una promesa, una realización lograda mediante la ampliación del conocimiento de aquellos hechos que el paradigma muestra como particularmente reveladores, aumentando la extensión del acoplamiento entre esos hechos y las predicciones del paradigma y por medio de la articulación ulterior del paradigma mismo”.
Otra definición, esta vez más exacta de paradigma según Khun: “Considero a los paradigmas como realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica”.  Siguiendo la definición khuniana de paradigma, éstos pueden ser, por tanto, un marco o una perspectiva macroteórica bajo la cual se estudian y analizan los problemas fundamentales de la ciencia y se intenta buscarle solución a los problemas de la ciencia, también llamados por Khun enigmas.
Nos dice Khun que toda ciencia pasa por períodos más o menos largos de cierta “estabilidad” lo que el mismo Khun llama “ciencia normal” pero que en el propio seno del queahacer científico se gestan períodos de “crisis” que van creando las condiciones objetivas y subjetivas para la emergencia de nuevos paradigmas que a su vez posibilitan el advenimiento de lo que el autor denomina “revolución científica”. En momentos de “crisis” la concurrencia de múltiples paradigmas “tentativos” o “provisionales” que tratan de explicar la realidad ajustados a un propósito de verdad, van enriqueciendo la cientificidad del conocimiento. Dice Khun que a menudo el debate que establecen los defensores de distintos paradigmas resulta estéril. Desde los griegos hasta la actualidad las distintas “revoluciones científicas” que ha vivido la humanidad no son sino “rupturas de una continuidad”. Para decirlo con palabras del propio Khun: “cada revolución científica marca el comienzo de un nuevo comienzo”.
Nos dice el epistemólogo Ángel Américo Fernández en su libro “Problemas Epistemológicos de la Ciencia: Crítica de la Razón Metódica” (2007), “por la episteme transita, circula y se desplaza todo proceso que lleva al conocimiento y, es condición básica, previa y fundamental para la creación de paradigmas. No puede haber paradigmas sin episteme, pues este es el factor iluminador del acto cognitivo, lo alimenta, logra contextualizarlo, le ofrece una constelación de visiones del mundo, lo dota de redes lingüísticas y… le dibuja un horizonte”. (p.15)
Seguidamente nos aclara Fernández que el surgimiento de cualquier paradigma a lo largo de la historia del conocimiento de la humanidad está intrínsecamente imbricado en una respectiva visión del mundo, en un registro socio-lingüístico, en un cierto “sprit du temps”, con todas las implicaciones históricas y culturales que se derivan de ello. En palabras del propio Fernández… “el paradigma es la forma social que adopta la lengua en al ámbito del conocimiento y de la ciencia”. Ciertamente, suscribimos la idea de Fernández que sostiene que “la categoría paradigma representa una clave cardinal para desmontar la tesis empirista en el origen del conocimiento. (…) Continúa el profesor Fernández recusando la pertinencia del empirismo lógico y dice que “la idea de paradigma constituye un antídoto para quebrar la vieja concepción lineal sostenida en la evolución del conocimiento operando por vía acumulativa como resultado de una sumatoria de  o adición de teorías a través de las distintas épocas”. (p.16)
Fernández sintetiza la idea de paradigma y nos dice que ella “es equiparable a una gran matriz que produce y distribuye sentido, penetrando y atravesando por todos lados el proceso de conocimiento, y ofrece un caudal de coordenadas mentales a los sujetos e instala redes semióticas, formando una inescapable franja de conceptos que contribuyen a la formación de teorías, es decir, a un cuerpo orgánico de enunciados que tiene pretensiones de validez-veracidad para explicar un ámbito de lo real”. (p.17)
Ciertamente, la formulación de teorías que intentan dar cuenta de ámbitos de lo real es un intrincado proceso por lo demás complejo que poco o nada tiene que ver con la vulgata empirista o pragmática o de cualquier concepción metafísica de la realidad. Nos dice Fernández que entre el paradigma y la realidad hay un puente que se llama teoría y que ésta siempre está distante de ser una elaboración uniforme, lineal o monolítica. Siendo la teoría una explicación de lo real en ella se constituyen múltiples y plurales visiones del mundo que a su vez albergan los más asombroso elementos de la racionalidad, las emociones, la sensibilidad, el misterio e incluso pulsiones provenientes de la más recóndita irracionalidad del ser humano.






viernes 11 de noviembre de 2011


HACIA HEIDEGGER

Rafael Rattia

No cabe duda, como el mismo Heidegger dice: “lo que ante todo “es” es el ser”. No obstante, para que el ser sea, en toda su exacta plenitud, es preciso que el pensar actúe mediante el lenguaje. Y qué es el lenguaje para Heidegger? “El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada.” De donde se colige que el ser humano, en tanto que humanización del ser sólo podría alcanzar su estatus plenamente humano mediante el despliegue consciente de los poderes creadores del lenguaje.
Con respecto a eso que Heidegger llama “el pensar”, el pensador alemán sostiene que “el pensar sólo actúa en la medida que piensa”. De donde se infiere que el mayor o menor grado de facticidad del acto de pensar reside efectivamente en su propio ejercitarse. Dicho con otras palabras: si un pensamiento no piensa el “afuera” sino también su propio pensamiento puede decirse que ese pensamiento es abúlico o está “dormido”.
El tipo de pensar que le interesa a heidegger es aquél que se orienta y dirige hacia lo que él mismo llama “el pensar por el ser para decir la verdad del ser.”
Volviendo a la metáfora del lenguaje como “la casa del ser”, debemos decir que puede advertirse dicha figura tropológica una resonancia schopenhaueriana (Artur Schopenhauer) en la medida en que para Schopenhauer el mundo es para el hombre “el mundo como voluntad y representación”.
Heidegger propone liberar al lenguaje de la dictadura logocrática y gramatológica de la cual ha venido siendo presa el hombre a través de los siglos, desde los albores de Roma hasta nuestro presente. El pensamiento del ser, según Heidegger, debe siempre apuntar a un pensamiento de “l`engagement”, pero de un compromiso del ser con la verdad del ser.
Por otro lado, Heidegger nos invita a liberarnos de la interpretación técnica del pensar y remite los inicios de esa tal interpretación técnica a los pensadores griegos Platón y Aristóteles. Dice Heidegger que el pensar como tekné o procedimiento reflexivo siempre ha estado al servicio del “hacer y fabricar”.   Heidegger pareciera querer decirnos que homo sapiens no ha hecho otra cosa que ponerse al servicio de homo faber y homo fabricans. Es por ello que Heidegger advierte que tomado en sí mismo el pensar no es un procedimiento “práctico” y que se encuentra opuesto a la determinación del “conocer” que es un procedimiento esencialmente teórico.
Es altamente llamativa la disyunción objetual que distingue Heidegger entre “el decir” y “lo escrito”. Sostiene que el poner el pensamiento por escrito el pensar pierde su dinamismo es muy difícil que mantenga su característica pluridimensionalidad significativa.
Acerca del humanismo se pregunta si en verdad desde hace ya bastante tiempo no se desconfía de los “ismos”. Heidegger también inquiere e interroga sobre si el marketing de la doxa no reclama siempre otros “ismos” nuevos. Del mismo modo cuando el pensar originario toca a su fin emergen nombres nuevos como “lógica”, “ética”, “física”. Los griegos en su época de mayor esplendor –dice Heidegger- ni siquiera llamaron “filosofía” al pensar. Y qué entiende Heidegger por el pensar, puro, sin adjetivos? El pensar es el pensar del ser.
Mientras que con respecto del querer nos dice Heidegger que la capacidad del querer está en aquello que “puede llegar a ser”. Es decir, lo que es “posible”. Si ello es así como dice Heidegger, entonces podemos preguntarnos si la Utopía siendo un estado de réplica mental, un topos, o sea un lugar no realizado aún que permanece en la mente del ser humano como “posibilidad” es, -para decirlo con palabras del Maestro, “una potentia” ; es decir, una realidad potencial. O como le gustaría decir a Ludwig Wittgenstein, “si algo puede ser pensado, entonces ese “algo” es también posible”. (Tractatus logicus-philosophicus).
Heidegger se rebela contra la racionalidad tecnocrática o tecnocientificista que paulatinamente ha venido instaurando la filosofía convirtiendo el auténtico pensar originario en una simple “técnica de explicación a partir de las causas supremas”.
El supremacismo de los infinitos “ismos” que se suceden unos tras otros a partir de la Edad moderna (léase siglo XVIII) ha terminado por instaurar una peculiar “dictadura de la opinión pública”. Se entiende por tanto que el sentido común programado por el imperio de la razón dominante, esto es, la hegemonía de la doxa pública impone la “dictadura de la opinión pública” que denuncia Heidegger. Es así cómo tal dictadura “decide qué es comprensible y qué es desechable por incomprensible”.
Heidegger postula una relación simétricamente proporcional entre la proposición de “la verdad del ser” y la reflexión sobre la esencia del lenguaje, que necesariamente debe ser una reflexión sobre la esencia del ser.
¡Peligro!. Heidegger advierte una peligrosa devastación del lenguaje que se extiende y enseñorea por doquier y aclara que tal precarización lingüística se alimenta de la responsabilidad estética y moral de todo  uso del lenguaje. Cuando la esencia del hombre está en inminente peligro el lenguaje emite una serie de señales que dan cuenta de su deterioro. Heidegger es testigo de excepción y privilegiado de una espantosa decadencia del lenguaje que se explicita “bajo el dominio de la metafísica moderna de la subjetividad”.
Heidegger proclama la urgente necesidad de “reconducir nuevamente al hombre a su esencia” y de inmediato se interpela:
“¿Desde dónde se determina la esencia del hombre?” Seguidamente nos dice que Marx exige que desde “la sociedad”. Para Marx el hombre social es el hombre natural. Pero veamos qué dice Marx al respecto: “El punto de vista del antiguo materialismo es la sociedad «civil»; el del nuevo materialismo, la sociedad humana o la humanidad socializada.” (Tesis sobre Feurbach, tesis 10)
Ahora bien, según Heidegger cómo concibe el Cristiano la humanidad? Pues, ve la humanidad del hombre en la delimitación de éste frente a la deidad desde la óptica de la redención; es decir, el hombre es hombre en tanto que “hijo de Dios”. En pocas palabras, el hombre no es de este mundo y su tránsito por la tierra es pasajero, pues su destino es transmundanal, o sea la eternidad o la vida eterna.
Con el advenimiento de la República Romana el hombre romano se opone al “hombre bárbaro”. Esta dicotomía hace que surja la idea de la “humanitas” en la época de la “eruditio”  y de la “institutio”. Es en Roma donde nos vamos a encontrar con el primer humanismo que es el resultado de los valores éticos de la Grecia tardía y la romanidad. Posteriormente, hacia el siglo XIV y XV Italia es el escenario de lo que Heidegger denomina como la “renascentia romanitatis”.
La visión heideggeriana del humanismo pone en perspectiva la “paideia” griega con la “virtus” romana; luego el humanismo se prolonga y extiende hasta el Renacimiento hasta alcanzar el esplendor dieciochesco de humanismo postulado por Wincklemann, Goethe y Schiller; exceptuando a Horderlin porque el poeta piensa la esencia del hombre y su correspondiente destino de un modo más inicial. ¿más griego, quiere decir Heidegger?
El síntesis, el “humanismo” de Marx no requiere de ningún retorno a la Antigüedad griega ni romana. Tampoco el “humanismo” existencialista de Jean Paul Sartre necesita legitimarse apelando al mundo griego antiguo.
“Por muy diferentes que parezcan estos humanismos, siempre coinciden en el hecho de que la humanidad se determina desde una perspectiva previamente establecida de una interpretación de la naturaleza, la historia, el mundo y el fundamento de mundo en su totalidad.”  Heidegger concluye en que “todo humanismo se basa en una metafísica”.
Desde el primer humanismo (el romano) hasta los “últimos” humanismos postmodernos el hombre es entendido como “animal rationale”. En su Carta sobre el humanismo Heidegger devela la pretensión de toda metafísica de pensar el hombre como “animalitas” y no en función de su “humanitas”.



sábado 22 de octubre de 2011

Los libros y los días


María Cristina Solaeche: Poecrítica de la creación literaria venezolana

Rafael Rattia

Indudablemente, leer un texto de la escritora venezolana María Cristina Solaeche Galera, (Maracibo-Venezuela, 19..) supone para el lector que emprenda tal empresa intelectual, estético-artística; (así debe concebirse el amoroso acto de leer) un viaje donde la fascinación que la razón sensible dicta las pautas de tal itinerario.
A comienzos de este año 2011 la admirada, tal vez sería más justo decir la venerada escritora marabina entregó a los lectores de Venezuela e Hispanoamérica un extraño libro titulado: Poesía venezolana dispersa y permanente. Ediciones Astro Data, SA. Maracaibo, Venezuela, 2011. 162 páginas.
El libro en sí mismo, representa una pequeña reliquia literaria que viene a enriquecer con creces el menguado panorama literario venezolano del último quinquenio.  Como si se tratara de un perfecto decálogo crítico el libro reúne a diez escritores venezolanos de disímiles y heterogéneas procedencias o estirpes culturales pero todos ellos pertenecientes a un linaje emparentado a una única raíz filial: “El coro de las voces solitarias” como reza el título de un enjundioso estudio del también poeta y crítico Rafael Arráiz Lucca.
Desde Emiliano Hernández hasta el egregio poeta Carlos Rodríguez Ferrara, pasando por un espléndido y maravilloso arco cuya constelación tensa los magnánimos nombres de Ismael Urdaneta, la excelsa poeta bariniteña Enriqueta Arvelo Larriva, el insigne poeta de Manicuare Cruz Salmerón Acosta, la eterna poeta Luisa del Valle Silva, el brillante ícono de la alteridad poética Luis Enrique Mármol, la solitaria Ada Pérez Guevara, la exponente de la poesía compromisaria Lyda Franco Farías, la inmensa e inmarcesible Hanni Ossott y nuestro devoto contemporáneo Carlos Rodríguez Ferrara.
La urdimbre de información que poquísima gente conoce sobre la vida y obra de los escritores antes mencionados coloca a María Cristina Solaeche en lugar privilegiado del estudio e investigación de un vasto segmento poético de nuestra creación literaria venezolana personificado por singulares exponentes de nuestra lírica que vivieron en el paréntesis que va desde 1882 aproximadamente hasta la primera década del siglo XXI.
Mucha acuciosidad, una férrea voluntad investigativa y un método pulcro y disciplinado se infiere de la lectura de este pequeño pero a la vez gran compendio de escritores antologados por Solaeche.
Leyendo atentamente, -no puede leerse de otro modo- este singular ejemplar bibliográfico que pone la autora en manos de los lectores de poesía venezolana del siglo XIX y XX se corrobora plenamente la insaciable sed de sabiduría que signa la extraordinaria sensibilidad estético-literaria de nuestra estudiosa e investigadora de la literatura venezolana. La portentosa e irreductible curiosidad de la autora la lleva hurgar en ámbitos insospechadamente discretos de la dimensión biográfico-intelectual de los escritores objeto de sus exhaustivos análisis de interpretación crítica.
La gratificante lectura de este libro me devuelve mi antigua y casi apagada pasión por la lectura de libros de “crítica literaria” que no hacen concesiones en lo atinente a esos lastres de los cuales adolecen nuestros “críticos” venezolanos del presente; a saber, la adulancia excesivamente apologética y ditirámbica para congraciarse con el autor objeto de crítica.
Como siempre suele suceder con un nuevo libro de esta autora: termino de leer la última página de su libro poseído de una embriaguez rayana en el delirio estético. Todo el libro me subyuga y hechiza por su rigurosidad expositiva, por su comedido lenguaje a la hora de emplear los adjetivos que pudieran definir la personalidad del escritor estudiado. Forma y fondo son difíciles de distinguir en la sintaxis crítica y eso se agradece hasta las lágrimas en estos tiempos de tanta exaltación de nulidades engreídas y reputaciones consagradas en este remedo de país literario en que se ido convirtiendo Venezuela en esta última década.

martes 20 de septiembre de 2011

Volver al Delta de mis tormentos

Volver al Delta

Rafael Rattia

Ùltimamente me ha dado por pensar con inusual persistencia en eso que suele llamarse las raíces ancestrales del hombre. Recientemente en vacaciones de Agosto-Septiembre venciendo un impulso ontológico de mí reacio ser, viajé a mi tierra natal, a mi añorado y tormentoso Delta del Orinoco con la idea de intentar “reconciliarme” con la alucinante geografía fluvial que tanto marcó mis felices e inenarrablemente maravillosos días de infancia y primera juventud. Luego de 10 largos años de ausencia regresé con más expectativas que ilusiones, pues ya a la edad que tengo nadie medianamente cuerdo puede abrigar muchas ilusiones sobre el presente que vivimos en esta tierra de nadie en que ha ido convirtiéndose este país que cada día se me antoja más una gasolinera al Sur de Miami que un país con todas sus letras como Dios manda. Con temerosa aprehensión indagué sobre los indicios y señales que podrían considerarse evidencias empíricas de algunos indicadores que eventualmente aludieran al tan anhelado “Progreso” y “Desarrollo” que sus habitantes tan sempiternamente han soñado para su terruño. Por toda respuesta obtuve que: “como puedes ver, el Delta no ha cambiado mucho”.  Y ciertamente, si en algo ha “cambiado” el Delta desde que me eviccionè a mi exilio voluntario hace ya una década es en su inocultable deterioro social, económico, cultural y político. Costras horrorosas de barracas y ranchos dignos de una antología universal de la infamia que afean la periferia de su zona metropolitana patentizan una radical falta de voluntad política para erradicar la pobreza atroz que se cierne y enseñorea sobre sus habitantes más económicamente vulnerables, esa legión de incontables “condenados de la tierra” –diría Frank Fanon- en su libro mítico de homólogo título que al no contar con verdaderas políticas públicas sensatas y viables para salir de su deplorable condición subhumana se ven compelidos a caer en la vorágine de la droga y la delincuencia como modus vivendi . Grandes y abominables asimetrías socio-económicas en su tejido social y cultural demuestran un deleznable retroceso en su natural proceso evolutivo dan muestras irrecusables de un antropología de la exclusión y de la democratización de la pobreza que coloca al Delta en un nada encomiable sitial como paradigma socio-demográfico. Un odioso y detestable segmento de politicastros sobrevenidos en una casta de intocables nuevos ricos al amparo de unas consignas huecas que aluden a un igualitarismo que no es tal y reiteradamente negado por la existencia de esa nueva clase tecnoburocràtica enquistada en la nomenclatura del PSUV.
Un rasgo distintivo de la población tucupitense revelador de una pésima calidad de vida es la unánime gordura de sus pobladores. Mucha harina y carbohidratos de MERCAL han convertido a los deltanos en vehementes y sistemáticos “carbohidratòmanos” irreductibles y candidatos potenciales a engrosar las crecientes listas de pacientes cardiovasculares de Venezuela.



domingo 4 de septiembre de 2011

Los Caballos de Alirio Palacios

Dibujar Caballos…

Rafael Rattia

Terminando de leer la entrevista que le hizo el diario EL NACIONAL al eximio y universal pintor y admirado coterráneo Alirio Palacios, salì corriendo en volandillas tras mi laptop a emborronar estas líneas para testimoniar mi ferviente respeto y admiración por la genial obra artística de este singular deltano de aquilatada trayectoria del grabado, la escultura y la pintura que sin temor alguno y con una poco común valentía alza su voz estètica para abogar por el necesario cambio político, social y cultural de Venezuela hoy gobernada por lo que èl mismo llama “las manos de hierro” del Comandante-Presidente.
Desde hacìa un poco màs de 10 años que me había exiliado voluntariamente de mi entrañable Delta y hace unos días atrás decidì volver al Delta de mis tormentos a pasar unas cortas vacaciones. Inquirì por Alirio Palacios y por respuesta obtuve: “èl vive en Caracas, trabajando y creando su vasta obra de resonancia universal”. Cuàl no sería mi sorpresa que leyendo la entrevista antes mencionada titulada: “Prefiero dibujar caballos que los poderes públicos”. En respuestas màs bien lacónicas y fulminantes, Palacios manda al mismísimo carajo a quienes lo han tildado de “apátrida” y dice que Venezuela puede ser vista como un inmenso promontorio de chatarras rodeada de “indios hambrientos”, asesinos y delincuentes con olor a muerte.
Alirio no pierde su paladar deltano-orinoquense; dice que sobrevive en la Capital de esta gasolinera al sur de Miami que es Caracas comiendo plátano verde con pescado guisado en coco y rie profusamente de modo hilarante para conjurar las tentaciones de la seriedad con que el poder oficial autoritario pretende encandilar a una nación que no sucumbe ni cede a la persistencia despótica de la bota militar bolivaresca.
El periodista le inquiere sobre sus grandes vallas artísticas y el pintor replica diciendo que la belleza de sus vallas se diferencian años luces de la vallas que pueblan calles y avenidas de Anzoàtegui con Chàvez y Terek Williams Saab sonreídos como si estuvieran burlándose de esta nación llamada Venezuela.
Piero della Francesca, Vincent Van Gogh, Armando Reveròn, representan para nuestro deltano excepcional ìconos insuperables de la màs rotunda creación artística universal; faros luminosos que alumbran los siglos porvenir de la plàstica de todos los tiempos.
¿Admira algo de la revolución? Pregunta el periodista.
- El acto de estar en una cadena siete horas sin pararse ni a orinar. (risas)
Este es el prototipo del artista que necesita el país en estos tiempos aciagos y borrascosos de seudorevoluciòn y “socialismo militar”, de fascismo de “izquierda” fundamentalista y obsecuente. El momento histórico que lamentablemente vive la patria requiere de voces y sensibilidades estèticas y artísticas que honren el legado cultural que izaron en su momento personalidades de vigorosa trascendencia como Carlos Contramaestre, “el chino” Vìctor Valera Mora, Ludovico Silva, Josè “pepe” Barroeta, Elì Galindo y un largo etcétera que sería doloroso nombrar en estas líneas.
Me complazco tanto y me enaltece sobremanera leer una postura tan digna venida de un coterráneo nativo de la “Tierra del Agua” que se empina sobre las dificultades obvias que supone disentir de la racionalidad logocràtica y tecnoburocràtica del socialismo obsidional postoncològico.

viernes 8 de julio de 2011

Antes del cáncer de Chávez

El “marxismo” bolivariano de Chávez

Rafael Rattia


El día Sábado 19 de Diciembre será una fecha “histórica” en los anales de la Historia republicana de Venezuela: ese día el Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, consecuente con su obsesión neocaudillista y de inocultable vocación autocrática-totalitaria, se declaró un revolucionario de filiación “marxista”.
Evidentemente, a quienes conocemos de cerca los coqueteos seudoideológicos del “hijo político” de Fidel Castro, no nos sorprendió en absoluto tal declaración de fe; pues es de larga y dilatada data sus “flirsteos” con los “cantos de sirenas” de las consignas y bambalinas de la más rancia pretensión del fascismo totalitario de la izquierda tradicional, anacrónica y “demodé”.
Algunos “compatriotas” venezolanos, con el perdón de tan prostituido término, ya comienzan a susurrar –sotto voce- y otras veces no tan en voz baja, que “el comandante ya no halla en qué palo ahorcarse”. Un día amanece rezando el “Padre nuestro que estás en la Habana, santificado sea tu nombre”, otro, salta desde las lejanas tierras chinas montado en una bicicleta, autoproclamándose rimbombantemente “maoísta” (léase seguidor de las ideas de Mao Tsé Dong, otro día; de acuerdo con su volátil e inestable estructura caracterológica, se dice –no tenemos razones por qué dudarlo- discípulo de Gandhi y, sin que transcurran ni siquiera 24 horas, echando espumas por la boca se reivindica fiel seguidor del finado Manuel Marulanda, alias “Tirofijo” y del difunto comandante Raúl Reyes.
El Presidente es la más viva representación de esa “boutade” casualmente
salida de una de las tantas ocurrencias y desatinos del barbudo de Tréveris que dice: “La Historia se repite la primera vez como tragedia y la segunda como comedia o farsa”. Acaso puede imaginarse el lector un batiburrillo gubernamental más farsesco que la desternillante “revolución bolivarera” que padece nuestro país desde hace un poco más de una década.
Es extremadamente obvio pero no por ello hay que dejar de recalcarlo: el “marxismo” de Chávez es una “melange” indigesta y tóxica que ni siquiera sus más cercanos “colaboradores” es capaz de asumir con un mínimo de seriedad. El insolente “affaire bancario” que explotó en al rostro del país decente y digno que trabaja para tratar de “sacar adelante a su familia” en medio de zozobras, angustias y penalidades, es el vivo ejemplo del “marxismo” estatocrático preconizado por la neoburguesía financiera que amasó pingues fortunas a la sombra del gran Moloch bolivariano.
Viéndolo bien, con el mínimo de “cabeza caliente” posible, siempre cabe la pregunta: ¿Qué diablos le importa al venezolano común y corriente si Chávez se declara “marxista” o lo que fuere si, como dice Milán Kundera: “La vida está n otra parte”?

martes 23 de noviembre de 2010

Los estudiantes no apoyan el socialismo

La “revolución” contra la Universidad

Rafael Rattia


El pasado Domingo 21 de Noviembre, Día del Estudiante, el país una vez más asistió estupefacto a presenciar las andanadas verbales del “Doctor”, Comandante-Presidente contra la Universidad venezolana. El Presidente de un sector de la población venezolana, así lo reconoció enfáticamente y sin un ápice de dudas, dijo: “o ellos o nosotros” pero “no hay conciliación posible con el resto del país, es decir, con la “burguesía” –según él apátrida y antinacional-.

En uno de sus archiconocidos arranques de “deliriuns loquens-demens” el comandante-presidente inquirió a la masa (más bien escuálida) que gritaba consignas ininteligibles “dónde está la UCV”? y por respuesta no obtuvo si no un silencio interrumpido por pitos y algarabías de pequeños tumultos dispersos de “estudiantes” traídos de los municipios más apartados de la geografía nacional, como siempre, bajo el pretexto o justificación de la movilización “estudiantil” universitaria contra las rémoras de la ultraderecha fascista del pasado que aún persiste en el seno de la universidad venezolana y otras monsergas ideologizantes y doctrineras de similar tenor.

Sin nada nuevo que decir, el pasado Domingo el comandante-presidente, con su invariable y acostumbrado delirante tono a ratos psicalíptico a ratos hilarante de lo menos que habló fue de la Universidad y sus problemas intrínsecos, estructurales, que bastante los tiene; desde su lento cierre técnico financiero-administrativo, hasta su inexorable clausura por falta de atención por parte del Estado venezolano tal como lo estatuye la Ley de Universidades desde los albores de la era democrática bipartidista.

El país observó por cadena compulsiva mediante a un Jefe de Estado ante una masa “estudiantil” sin liderazgos genuinos, sin líderes auténticos surgidos de libérrimos comicios estudiantiles. Ni un Presidente de FCU estaba al lado del comandante, lo cual es harto sintomático y asaz elocuente. Las cámaras oficiales fueron inequívocas en ello; no pudieron mostrar el verdadero liderazgo estudiantil venezolano porque tal liderazgo adversa las políticas erradas de la “revolución socialista” que cercena el derecho de la universidad a un presupuesto justo para su normal funcionamiento. Una patética evidencia quedó al descubierto otra vez, la
“revolución” “socialista” está huérfana de juventud, el discurso del odio clasista y de la exclusión (“ellos o nosotros”) no cala entre los jóvenes liceístas y universitarios, menos aún entre la población adulta en buena medida ha venido despertando del largo letargo y amodorramiento a que la ha sometido el clientelismo populista de una década perdida del más ramplón y pedestre antimperialismo retórico sólo comparable con las pataletas “nacionalistas” protagonizadas por el tristemente célebre presidente decimonónico conocido con el remoquete de “el Cabito”.
No es que la universidad está de espaldas al país, es que la imaginaria “revolución” socialista que sólo anida en la calenturienta mente del comandante-presidente está de espaldas a la Universidad y, lo que es peor aun, desde rato le dio la espalda a las más caras aspiraciones de la nación.
Sólo con un poco de paciencia, estoicismo y perseverancia cívica y civilista la tradición democrática volverá a retomar su cauce de donde nunca debió salir.